Inspiras. Expiras. Cuentas, uno, dos, tres... Lo intentas.
Lo intentas con todas tus fuerzas. Pero no puedes evitarlo. Es imposible. Y
ocurre. Te derrumbas. Se te cae el mundo encima, lloras hasta quedarte sin
lágrimas, pero aún así sigues estando mal, y a cada vez que recuerdas los hechos,
una lágrima más. No puedes dejar de llorar, te duele el pecho, y la cabeza. No
te lo crees, pero lo asumes. Y lloras.

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