jueves, 15 de septiembre de 2011


Inspiras. Expiras. Cuentas, uno, dos, tres... Lo intentas. Lo intentas con todas tus fuerzas. Pero no puedes evitarlo. Es imposible. Y ocurre. Te derrumbas. Se te cae el mundo encima, lloras hasta quedarte sin lágrimas, pero aún así sigues estando mal, y a cada vez que recuerdas los hechos, una lágrima más. No puedes dejar de llorar, te duele el pecho, y la cabeza. No te lo crees, pero lo asumes. Y lloras.

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